Hace tres días que estrenamos piso. Las cuatro personas que vivimos en el coincidimos en que tenemos suerte. Está realmente bien y situado en una de las mejores zonas de la ciudad. Empezábamos con ilusión y ganas de hacer muchas cosas en Buenos Aires. Todo iba perfecto. Hasta ayer. Pero para comprenderlo mejor, he de remontarme a antes de ayer.
Recuerdo que en la tarde del martes hacía mucho calor, algo inusual debido a que aquí es invierno, y aunque no hace casi nunca mucho frío, tampoco hace casi nunca el exagerado bochorno que sufríamos. Entonces Tania buscó algo en el móvil y me lo enseñó:
-Mira, este es el tiempo para esta noche (en la pantalla aparecía una nube negra, negrísima, vomitando rayos, y puede que también alguna centella).
-Anda, pues según esto va a haber tormenta, lo cual explicaría este calor pegajoso- contesté yo.
Nos olvidamos del tema, hasta que un haz de luz iluminó la noche porteña, recordándonos lo útiles que pueden ser las aplicaciones metereológicas del móvil (je je). Cayó una buena tormenta, con un gran chaparrón de agua, lo cual no impidió que fuésemos a disfrutar de un concierto de jazz que se celebraba a una cuadra de nuestro departamento (así se dice en argentino).
Descubrimos a la vuelta los estragos del fenómeno natural. No funcionaba internet, ni la televisión, ni había luz, y lo más extraño de todo, no había agua. Habíamos retrocedido de golpe y porrazo a los tiempos de Eva Perón (en realidad retrocedimos mucho más, pero era por poner una cara reconocible al asunto).
En fin, nos fuimos a dormir con la esperanza de que el nuevo día solucionara los problemas, pero nada más lejos de la realidad. Todo seguía fuera de servicio y así continúo, hasta que llego la tarde y todos tuvimos que ir a clase. Dani a Ingeniería en Puerto Madero, Cris al campus principal de la UNSAM y Tania y yo al edificio de postgrados en la calle Sarmiento, en el centro de Buenos Aires.
Llevaba media hora en clase cuando en mi móvil apareció el siguiente mensaje:
-Por fvr se está inundando el dpto. Necesit q llamen a Pedro.
El mensaje era de nuestra casera, la cual se encuentra en España, y Pedro es el portero del edificio. Aquí en BA la figura del portero es normal.
Le enseñé el mensaje a Tania al mismo tiempo que me levantaba y salía de la clase a toda prisa.
-¿Vos también te has equivocado de materia?- Me dijo la profesora.
-No, no, es que me tengo que ir. - Acerté a decir.
Salí corriendo. Vi que Tania venía detrás de mi. Me seguían llegando mensajes.
-Es urgente
-Se ha quedado el grifo abierto.
¡El grifo! Habíamos probado durante todo el día si el agua había vuelto. Ahora ya sabíamos que sí.
-Estoy corriendo para allá.- Contesté sin parar de correr.
-Por fvr
-¿Estás lejos?
-Tómate un taxi por fvr.
-Se estropeará todo el depto.
-Estoy llegando. - A cada mensaje crecía mi preocupación.
-Qué nervios...
-Se ha quedado un grifo abierto y se inunda abajo...
-Avísame cuando estés
-Ya llegué, está la cocina mojada y ya está Pedro conmigo. Entre los dos lo solucionamos.
Del piso a la facultad hay 15 minutos andando. Yo lo hice en apenas 5 minutos. Cuando llegué me encontré que la cocina estaba encharcada, pero me esperaba un espectáculo mucho peor. Entre el portero, Tania cuando llegó (5 minutos más tarde) y yo, achicamos todo el agua. Limpiamos absolutamente todo, de arriba a abajo y al final todo quedó en un susto. Había goteado un poco en el segundo piso, y me dirigí allí para pedir disculpas y ver si habían sufrido muchos daños. Afortunadamente, no era así y fueron muy amables y comprensivos.
-Ya se fue Pedro. La situación está controlada. Ya nos encargamos de todo. No te preocupes.
-Gcs Alejandro.
Perdimos una clase, pero a cambio reconquistamos nuestro piso, y todas las vivencias que aún nos quedan por vivir en el los próximos meses.
PD: Al mismo tiempo que el agua, volvió internet, la luz y la televisión. A partir de ahora me tomaré más en serio lo que me diga una aplicación metereológica de móvil.
jueves, 22 de agosto de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
Monko
Me voy a un piso. ¿Y dónde has vivido todos estos días entonces?, os preguntaréis. Ya sabéis, por anteriores publicaciones, que mi destino el primer día era un hotel. Pero vivir de hotel no es algo que entre dentro de mis posibilidades (económicas). Vivir de hotel. Jerga esnob.
El caso es que después de conocer a mis próximamente compañeros de piso, nos embarcamos a la búsqueda de éste sin prisa pero sin pausa (sobretodo, ellos), desembocando en final feliz. Pero ese final feliz ocurriría el 19 de agosto, mañana, por caprichos de la dueña que no vienen al caso. ¿Dónde sobreviviría yo hasta el día de mi asentamiento final? La respuesta es el Hostel América del Sur.
Necesitaba abaratar costes, pues el día me estaba saliendo demasiado caro. En el América podía hacerlo. Las referencias eran magníficas: mejor hostel de Buenos Aires varios años seguidos, y la impresión en la entrada de las instalaciones y del personal que me atendió no pudieron ser mejores. Pasé 11 noches (la undécima y definitiva, hoy), y sólo os diré que no llega ni a la cuarta parte de lo que tendría que haber pagado por las mismas noches en un hotel corriente. Y además, en un hotel no lo habría pasado tan bien ni habría conocido a tanta gente.
Porque el hostel es eso: un montón de gente de todos los países del mundo (sino estaban todos los países representados por al menos una persona, casi) que conforman un gran ambiente alrededor. Todos te sonríen, todos intentan hablar contigo, y todos son agradables y educados. La mayoría jóvenes, pero allí hay gente de todas las edades.
Mis aposentos se reducían a una habitación compartida con otras tres personas, que constaba de dos literas, una ducha y un baño comunes. Pronto conocí a mi primer compañero de habitación, Joao, brasileño de unos 30 años. Cuando digo pronto, me refiero a nada más cruzar la puerta con mi maleta a cuestas. Joao iba ataviado tal cual los jugadores de básquet callejeros que vemos en las pelis. Camiseta sin mangas y ceñida, pantalones de chándal, zapatillas deportivas y gorra puesta del revés. He de admitir que me pareció un fiestero total, y he de admitir que no me equivocaba en absoluto. En mis primeros dos días fue mi único compañero, y me invitó junto a algunos colegas suyos brasileños a un asado que organizaron. Al tercer día se nos unió un tipo que sólo estuvo esa noche, del que no recuerdo su nombre (básicamente porque no me lo dijo) ni su cara. Creo que una vez le escuché hablar sólo, no consiguiendo descifrar por su manera de hablar de dónde podía ser, si bien lo sitúo en un país de Europa del este.
Y llegamos al cuarto día. El día que él apareció. Era por la tarde después de comer, y subí a la habitación a ponerle punto y final al proceso digestivo. Allí estaba sentado en una cama, con la mirada fija en lo que parecía ser un mapa. De hecho, era un mapa. Nos miramos y se inició la conversación más disparatada en la que haya podido participar nunca.
-¡Hola!
-Hum, ah, ¿ola? hum...o-la, oooo-la.
-Sí... I am from Spain, my name...
-¡Espein! Hum...Espein, Espein...no inglis, no.
-(Mano al pecho) Alejandro
-Aaalandlo, Alandlo, Espein, si, si ,si. (Mano al pecho) Monko, Monko.
-¿Monko?
-Si, si, si, si, Monko, On Kon, On Kon.
-¿Hong Kong?
-Si, si, si, si, On Kon. No China. On Kon.
En toda la conversación no dejó de mover la cabeza como si sufriera de espasmos incontenibles ni de sonreír. Así conocí a Monko, un tipo larguirucho y delgado en extremo, que tenía por tic, aparte de una verborrea incontenible por las onomatopeyas, colocarse cada dos segundos las gafas en la posición adecuada.
-Bueno, Monko, creo que esto es todo lo que podemos hablar tu y yo.
-Huuum, si, si, si, si.
Ya podía ir al baño a terminar tranquilamente con el proceso digestivo, el cual me había dado una tregua para poder disfrutar de la compañia singular de Monko.
Aunque no hablamos más por razones obvias, siempre nos saludábamos con afecto. Me causaba bastante frustración la total barrera idiomática, porque parecía un tipo muy interesante. Siempre enfrascado en lecturas, y anotando cosas en una libreta. Pero el mundo globalizado aún no lo ha conquistado todo. Todavía existen distancias insalvables.
Joao se fue, y llegaron dos inquilinos más a la habitación. Georden y Cynthia. Primero conocí a Cynthia, de una manera curiosa. Me desperté y ya aproveché para levantarme e ir a desayunar. Entonces me crucé con ella que venía del baño. Me quedé muy sorprendido y sólo pude balbucear un saludo.
-¿Hola?
-Ay, ¿eres español? Yo soy Cynthia, llegué esta noche. Soy de Chile.
-Eh, sí...yo soy de Galicia...Alejandro, encantado.-Estaba bajo los efectos del sueño todavía. Tanto, que hasta que llegué al baño no me di cuenta de mis pintas, y supuse que tampoco era tan raro presentarse en gayumbos, después de todo.
Por la mañana ya conocí a Georden, estadounidense de 25 años, de New Jersey, profesor de Historia de Norteamérica en Wisconsin, o eso me pareció enterder. Al decir Nueva Jersey, no pude evitar hablar con él de "Los Soprano", localizada y rodada allí. Por supuesto, conocía la serie, y ya no pudimos parar de hablar de ella. Tony Soprano uniendo culturas.
Así llegamos hasta el día de hoy, día en que abandono el hostel. Clases de tango improvisadas, charlas que se extendían hasta la madrugada, desayunos en los que todo el mundo interactuaba con todo el mundo, queriendo saber de dónde venías, qué hacías. Una gran experiencia, y mucho aprendizaje en estas casi dos semanas.
¿Queréis saber qué fue de Monko? Un día se largó, y no me di cuenta. Su lugar lo ocupó una persona que debió batir algún récord mundial de ruídos nocturnos. Roncar se le queda corto, y creo que será difícil que vuelva a escucharle a alguien sonidos tan extraños como los que ese hombre podía llegar a realizar durmiendo.
Ahora abro una nueva etapa, y he de decir que con muchas ganas, la de compartir piso aquí en Buenos Aires, con tres personas con las que ya he trabado amistad.
La vida continúa a toda velocidad en esta gran metrópolis, y yo me pararé de vez en cuando, como Mafalda, para seguir contándoos, y quizás, para relataros mi reencuentro con Monko, el hongkonés.
Un abrazo, y no hagáis boludeces.
El caso es que después de conocer a mis próximamente compañeros de piso, nos embarcamos a la búsqueda de éste sin prisa pero sin pausa (sobretodo, ellos), desembocando en final feliz. Pero ese final feliz ocurriría el 19 de agosto, mañana, por caprichos de la dueña que no vienen al caso. ¿Dónde sobreviviría yo hasta el día de mi asentamiento final? La respuesta es el Hostel América del Sur.
Necesitaba abaratar costes, pues el día me estaba saliendo demasiado caro. En el América podía hacerlo. Las referencias eran magníficas: mejor hostel de Buenos Aires varios años seguidos, y la impresión en la entrada de las instalaciones y del personal que me atendió no pudieron ser mejores. Pasé 11 noches (la undécima y definitiva, hoy), y sólo os diré que no llega ni a la cuarta parte de lo que tendría que haber pagado por las mismas noches en un hotel corriente. Y además, en un hotel no lo habría pasado tan bien ni habría conocido a tanta gente.
Porque el hostel es eso: un montón de gente de todos los países del mundo (sino estaban todos los países representados por al menos una persona, casi) que conforman un gran ambiente alrededor. Todos te sonríen, todos intentan hablar contigo, y todos son agradables y educados. La mayoría jóvenes, pero allí hay gente de todas las edades.
El patio. Aquí de noche se formaba un genial ambiente.
Mis aposentos se reducían a una habitación compartida con otras tres personas, que constaba de dos literas, una ducha y un baño comunes. Pronto conocí a mi primer compañero de habitación, Joao, brasileño de unos 30 años. Cuando digo pronto, me refiero a nada más cruzar la puerta con mi maleta a cuestas. Joao iba ataviado tal cual los jugadores de básquet callejeros que vemos en las pelis. Camiseta sin mangas y ceñida, pantalones de chándal, zapatillas deportivas y gorra puesta del revés. He de admitir que me pareció un fiestero total, y he de admitir que no me equivocaba en absoluto. En mis primeros dos días fue mi único compañero, y me invitó junto a algunos colegas suyos brasileños a un asado que organizaron. Al tercer día se nos unió un tipo que sólo estuvo esa noche, del que no recuerdo su nombre (básicamente porque no me lo dijo) ni su cara. Creo que una vez le escuché hablar sólo, no consiguiendo descifrar por su manera de hablar de dónde podía ser, si bien lo sitúo en un país de Europa del este.
Y llegamos al cuarto día. El día que él apareció. Era por la tarde después de comer, y subí a la habitación a ponerle punto y final al proceso digestivo. Allí estaba sentado en una cama, con la mirada fija en lo que parecía ser un mapa. De hecho, era un mapa. Nos miramos y se inició la conversación más disparatada en la que haya podido participar nunca.
-¡Hola!
-Hum, ah, ¿ola? hum...o-la, oooo-la.
-Sí... I am from Spain, my name...
-¡Espein! Hum...Espein, Espein...no inglis, no.
-(Mano al pecho) Alejandro
-Aaalandlo, Alandlo, Espein, si, si ,si. (Mano al pecho) Monko, Monko.
-¿Monko?
-Si, si, si, si, Monko, On Kon, On Kon.
-¿Hong Kong?
-Si, si, si, si, On Kon. No China. On Kon.
En toda la conversación no dejó de mover la cabeza como si sufriera de espasmos incontenibles ni de sonreír. Así conocí a Monko, un tipo larguirucho y delgado en extremo, que tenía por tic, aparte de una verborrea incontenible por las onomatopeyas, colocarse cada dos segundos las gafas en la posición adecuada.
-Bueno, Monko, creo que esto es todo lo que podemos hablar tu y yo.
-Huuum, si, si, si, si.
Ya podía ir al baño a terminar tranquilamente con el proceso digestivo, el cual me había dado una tregua para poder disfrutar de la compañia singular de Monko.
Aunque no hablamos más por razones obvias, siempre nos saludábamos con afecto. Me causaba bastante frustración la total barrera idiomática, porque parecía un tipo muy interesante. Siempre enfrascado en lecturas, y anotando cosas en una libreta. Pero el mundo globalizado aún no lo ha conquistado todo. Todavía existen distancias insalvables.
Así era mi habitación.
Joao se fue, y llegaron dos inquilinos más a la habitación. Georden y Cynthia. Primero conocí a Cynthia, de una manera curiosa. Me desperté y ya aproveché para levantarme e ir a desayunar. Entonces me crucé con ella que venía del baño. Me quedé muy sorprendido y sólo pude balbucear un saludo.
-¿Hola?
-Ay, ¿eres español? Yo soy Cynthia, llegué esta noche. Soy de Chile.
-Eh, sí...yo soy de Galicia...Alejandro, encantado.-Estaba bajo los efectos del sueño todavía. Tanto, que hasta que llegué al baño no me di cuenta de mis pintas, y supuse que tampoco era tan raro presentarse en gayumbos, después de todo.
Por la mañana ya conocí a Georden, estadounidense de 25 años, de New Jersey, profesor de Historia de Norteamérica en Wisconsin, o eso me pareció enterder. Al decir Nueva Jersey, no pude evitar hablar con él de "Los Soprano", localizada y rodada allí. Por supuesto, conocía la serie, y ya no pudimos parar de hablar de ella. Tony Soprano uniendo culturas.
Así llegamos hasta el día de hoy, día en que abandono el hostel. Clases de tango improvisadas, charlas que se extendían hasta la madrugada, desayunos en los que todo el mundo interactuaba con todo el mundo, queriendo saber de dónde venías, qué hacías. Una gran experiencia, y mucho aprendizaje en estas casi dos semanas.
El Hostel tiene su buena fama justificada. El trato es excelente.
¿Queréis saber qué fue de Monko? Un día se largó, y no me di cuenta. Su lugar lo ocupó una persona que debió batir algún récord mundial de ruídos nocturnos. Roncar se le queda corto, y creo que será difícil que vuelva a escucharle a alguien sonidos tan extraños como los que ese hombre podía llegar a realizar durmiendo.
Ahora abro una nueva etapa, y he de decir que con muchas ganas, la de compartir piso aquí en Buenos Aires, con tres personas con las que ya he trabado amistad.
La vida continúa a toda velocidad en esta gran metrópolis, y yo me pararé de vez en cuando, como Mafalda, para seguir contándoos, y quizás, para relataros mi reencuentro con Monko, el hongkonés.
Un abrazo, y no hagáis boludeces.
miércoles, 14 de agosto de 2013
La realidad argentina
"Acá está mal la cosa, cada vez está peor". "Antes con 100 pesos pasabas el día, ahora es imposible".
Esas son dos de las frases que he escuchado últimamente. Y es que los argentinos de a pie están preocupados. Preocupados y hartos de una situación que lleva al país a una bancarrota total.
El desencanto con la clase política es absoluto. El domingo el país vivió elecciones primarias, y los resultados afectaron sensiblemente al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La corrupción es tan extensiva y descarada que más de un argentino se habría quedado en casa el día electoral, sino fuera porque aquí el derecho a voto es una obligación. Sí, hay que ir a votar, quieras o no. No sé lo que pensáis vosotros, pero a mi esto me parece un atentado contra la libertad individual.
En el tema económico hay dos claros problemas en Buenos Aires, y por extensión, en Argentina: la durísima inflación, y el tipo de cambio.
La inflación es brutal. Va como una moto y crece de forma imparable, y los salarios no van ni a paso de tortuga, están congelados. Para entenderlo nada mejor que un ejemplo práctico. Volvamos a la frase de los 100 pesos. Lo que antes podías adquirir con 100 pesos, ahora lo haces por 250. El consumo se ve ahogado ante esta realidad. De ahí viene la depreciación de la moneda y el otro problema del que os hablaba: el tipo de cambio. Todo el mundo compra en pesos, pero ahorran en dólares. ¿Os acordáis de lo que ponía en mi tercer post sobre el cambio oficial y el "cambio paralelo"? Aquí se habla en pesos para productos básicos, pero para inversiones, como comprar una casa, se habla en dólares.
No quiero aburriros más con el tema, aunque se podría profundizar mucho, pero ésta es la realidad del país en el que me encuentro ahora, no muy alejada del país que dejé al otro lado del charco. Ellos me preguntan por la situación española, y encuentran cierto consuelo cuando les digo que allí la situación es peor (es verdad) y que la corrupción campa a sus anchas.
Pero veo muchas similitudes en que pronto sufrirán las consecuencias que en España estamos padeciendo desde hace unos años, producto de una pésima gestión a cargo de unos gobernantes ineptos que no saben sacar provecho alguno de los enormes recursos que un país, como en este caso Argentina, posee.
Y creedme, es una lástima. Veo las caras de los argentinos cuando me hablan de este tema y veo el mismo temor que allá en España ya se tornó en cruda realidad. Espero que aquí reaccionen a tiempo.
Un saludo, perdón por la tardanza y espero volver pronto a publicar.
Esas son dos de las frases que he escuchado últimamente. Y es que los argentinos de a pie están preocupados. Preocupados y hartos de una situación que lleva al país a una bancarrota total.
El desencanto con la clase política es absoluto. El domingo el país vivió elecciones primarias, y los resultados afectaron sensiblemente al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. La corrupción es tan extensiva y descarada que más de un argentino se habría quedado en casa el día electoral, sino fuera porque aquí el derecho a voto es una obligación. Sí, hay que ir a votar, quieras o no. No sé lo que pensáis vosotros, pero a mi esto me parece un atentado contra la libertad individual.
En el tema económico hay dos claros problemas en Buenos Aires, y por extensión, en Argentina: la durísima inflación, y el tipo de cambio.
La inflación es brutal. Va como una moto y crece de forma imparable, y los salarios no van ni a paso de tortuga, están congelados. Para entenderlo nada mejor que un ejemplo práctico. Volvamos a la frase de los 100 pesos. Lo que antes podías adquirir con 100 pesos, ahora lo haces por 250. El consumo se ve ahogado ante esta realidad. De ahí viene la depreciación de la moneda y el otro problema del que os hablaba: el tipo de cambio. Todo el mundo compra en pesos, pero ahorran en dólares. ¿Os acordáis de lo que ponía en mi tercer post sobre el cambio oficial y el "cambio paralelo"? Aquí se habla en pesos para productos básicos, pero para inversiones, como comprar una casa, se habla en dólares.
No quiero aburriros más con el tema, aunque se podría profundizar mucho, pero ésta es la realidad del país en el que me encuentro ahora, no muy alejada del país que dejé al otro lado del charco. Ellos me preguntan por la situación española, y encuentran cierto consuelo cuando les digo que allí la situación es peor (es verdad) y que la corrupción campa a sus anchas.
Pero veo muchas similitudes en que pronto sufrirán las consecuencias que en España estamos padeciendo desde hace unos años, producto de una pésima gestión a cargo de unos gobernantes ineptos que no saben sacar provecho alguno de los enormes recursos que un país, como en este caso Argentina, posee.
Y creedme, es una lástima. Veo las caras de los argentinos cuando me hablan de este tema y veo el mismo temor que allá en España ya se tornó en cruda realidad. Espero que aquí reaccionen a tiempo.
Un saludo, perdón por la tardanza y espero volver pronto a publicar.
miércoles, 7 de agosto de 2013
El Ateneo: El Teatro de los Libros
Para quien le gusta leer, como a mi, una librería es algo así como una iglesia para un religioso. Un sitio sagrado donde se rinde culto, en vez de a santos, a escritores y sus obras. Lugares donde perderse, esconderse del mundo. Lugares de recogimiento espiritual. Siguiendo con el sacro símil, el Ateneo de la Av. Santa Fé en Buenos Aires vendría a ser el Vaticano de la literatura.
Fundado como teatro, el Grand Splendid albergó a artistas de la talla de Carlos Gardel. En la actualidad el escenario desde donde el más famoso compositor de tangos se daba a conocer, es una cafetería en la que gente de lo más variopinta se reúne y lee. Pues el Ateneo es sobre todo eso: un punto de reunión de lectura.
Cualquiera puede agarrar un libro y ponerse a leer, o bien en la cafeteria, o bien en los distintos palcos.
Un sitio mágico, que parece sacado de las descripciones de los libros que celosamente guarda, y del que estoy seguro, seré un asiduo visitante.
¡Un saludo!
El Ateneo está considerada como una de las librerías
más bellas del mundo.
Fundado como teatro, el Grand Splendid albergó a artistas de la talla de Carlos Gardel. En la actualidad el escenario desde donde el más famoso compositor de tangos se daba a conocer, es una cafetería en la que gente de lo más variopinta se reúne y lee. Pues el Ateneo es sobre todo eso: un punto de reunión de lectura.
Cualquiera puede agarrar un libro y ponerse a leer, o bien en la cafeteria, o bien en los distintos palcos.
Agarras un libro, buscas un sitio, y lo lees. Si quieres,
lo puedes comprar.
Un sitio mágico, que parece sacado de las descripciones de los libros que celosamente guarda, y del que estoy seguro, seré un asiduo visitante.
¡Un saludo!
lunes, 5 de agosto de 2013
La habitación de Madonna
A veces ocurre que un día que presupones típico, se transforma en algo completamente diferente a lo que habías planeado con anterioridad. Pues bien, ayer lo que empezó siendo uno de esos días típicos terminó por ser uno de los más extraños de toda mi vida.
Todo comienza en la Plaza Italia, donde había quedado para comer con Cristina y Tania, gallega y malagueña respectivamente, estudiantes de la UNSAM como yo. Comimos en una pizzería, una de las miles que hay en Buenos Aires, parte del legado de la inmigración italiana a la ciudad. Después de comer dimos un paseo por el jardín botánico, pues se encontraba en la zona. Un lugar perfecto para pasear, correr, pararse en un banco a leer...
Todo transcurría con la más absoluta normalidad, hasta que Cristina nos propuso algo a Tania y a mi:
-Chicos, yo he quedado con mi compañero dominicano, que me invitó a ir a ver un desfile de moda en Puerto Madero, pero si queréis venir podéis venir conmigo y le decimos si es posible que consiga invitaciones para vosotros dos también.
-Por mi bien, yo no tengo nada mejor que hacer- contesté yo.
-Sí, vale, por mi también- dijo Tania.
Lo atípico empezaba a hacer acto de presencia. Pero aún no sabíamos cuánto.
Fuimos los tres al encuentro con Orsini, una persona encantadora. Nos dijo que seguramente no habría problema para que Tania y yo pudiésemos entrar. Tomamos el Subte con destino a Puerto Madero. Este barrio es uno de los más exclusivos de Buenos Aires, repleto de rascacielos, edificios financieros, hoteles de lujo y restaurantes selectos. Es una zona que contrasta de una manera brutal con el resto de la ciudad, tanto, que a los cinco minutos ya te sientes fuera de lugar. Cruzamos el Puente de la Mujer, obra del arquitecto español Santiago Calatrava, y llegamos por fin al sitio donde se iba a producir el desfile: el Hotel Hilton.
Para a los que todavía no se os haya venido a la cabeza Paris Hilton y sus famosos vídeos "caseros", la cadena de hoteles Hilton es una de las más lujosas y exclusivas del mundo. Por supuesto, nunca había entrado en uno.
El recibidor ya abruma, por su extensión y amplitud. Lo cruzamos hasta llegar a un mostrador, donde Orsini consiguió colarnos a la zona del desfile mediante invitaciones. Ante nosotros, el mundo de la moda. Puestos de joyas, accesorios, ropa, todo de la temporada que aún está por salir, y accesible antes de tiempo a la gente más adinerada de la ciudad. Tras una cortina, se encontraba la pasarela donde desfilarían las modelos. Aunque lo mejor de todo eran los puestos de bebida gratis que había por allí apostados, donde me dieron a beber (tomar) una combinación que a partir de ahora será de mis favoritas: Branca-menta. Orsini, que trabaja en este mundillo para una revista colombiana, cumplió el cometido que allí tenía que hacer, y así pudimos irnos.
De vuelta al exterior, caminamos un poco más por Puerto Madero. El día ya se había vuelto interesante, pero aún quedaba lo mejor.
Nuestros pasos nos llevaron al Hotel Faena, un edificio impresionante situado en la mejor zona del barrio. De él le habían habían hablado a Cristina, y también lo había elegido como punto de encuentro para que nos pudiesen localizar sus compañeros brasileños.
Los porteros del hotel nos invitaron a entrar y a esperar dentro, ya que fuera hacía bastante frío. Ellos avisarían a los chicos cuando llegasen. Entramos y la impresión que nos llevamos fue brutal. Un pasillo larguísimo, que apenas se veía donde acababa, y una luz rojiza y mortecina, nos daba la bienvenida.
A derecha e izquierda, lujo. Pero no lujo como habíamos visto en el Hilton. Un lujo extravagante, todo un homenaje a la vanidad del hombre, al énfasis por la opulencia y la ostentación hasta el punto de traspasar la línea del mal gusto. La cafetería estaba adornada con cabezas de carneros, donde pendían de sus cuellos multitud de collares y demás objetos de joyería. La gente que por allí pululaba parecía extraída de los ambientes sórdidos y decadentes de la Antigua Roma, o para entender mejor la sensación que producía aquel lugar, todo parecía salido del imaginario popular que se nos viene a la mente cuando nombramos a Sodoma y Gomorra. Lujo exhuberante, cargante, hasta el límite de sentir cierta depravación entorno a todo.
Esperando a los chicos, no pude evitar ir de visita al baño, temiendo encontrar lo que finalmente hallé: el baño más hortera que he visto en mi vida. El lavabo eran unos cisnes que estaban retorcidos de las formas más dantescas, y un grandísimo espejo presidía el baño. Mear allí era casi un acto indigno e impropio, si no fuera por los dos urinarios que al cabo de un rato lograbas avistar. Pero el carácter hortera y sobrecargado del hotel encontraba su punto álgido en el Salón Blanco. Diseñado por Philippe Starck, es un restaurante donde el blanco es el único color, excepto por algún detalle en rojo, como son los ojos de las cabezas de unicornio que se encuentran en ambas paredes laterales.
Extasiados por lo que estábamos viendo, llegaron Thomaz y Filipe. Fue entonces cuando Cristina se dirigió a un recepcionista del hotel, y le preguntó si podíamos ver una habitación. Rubén, un chico joven peruano, muy amable, lo consultó y consiguió que nos dejasen ver la suite principal. Pero antes, nos advirtió:
-Ahora vamos a subir al séptimo piso, y les enseñaré la habitación donde se alojan las estrellas de cine, artistas y demás celebridades. Lady Gaga, Madonna, Sting...
Todos quedamos boquiabiertos. Rubén seguía contándonos:
-La suite tiene un precio de 9.000 dólares la noche. Pero hay algo más que deben saber del séptimo piso de este hotel...
-¿Lo qué?- Preguntamos todos.
-Este hotel está reconstruído sobre un edificio muy antigüo, donde al parecer ocurrieron cosas...inquietantes. Las cámaras de seguridad y de fotos han captado en más de una ocasión siluetas fantasmales. Yo mismo cuando llega la noche evito subir al séptimo piso.
No sé por qué, creo que no nos sorprendió demasiado. Le pegaba perfectamente bien al hotel tener historias de fantasmas.
Subimos, torcimos a la izquierda y entramos a la habitación. Os preguntaréis qué tiene una habitación de 9.000 dólares la noche. Consta de dos plantas. En la de abajo una pared intermedia separa un salón con librería y un comedor. Al fondo a la derecha está la cocina. Un ventanal recorre toda la estancia. Rubén nos seguía contando algunas curiosidades:
-El hotel tiene firmado un contrato con una productora la cual es la encargada de traer a los artistas.
-¿Y quién es el más raro de todos?- Preguntó uno de nosotros.
La respuesta fue instantánea.
-Madonna.- Esperó un poco y continuó. -Madonna tiene por contrato que no la puedes mirar directamente a los ojos. Cuando tenemos que decirle algo debemos mirar al suelo; Luis Miguel ordenó cubrir todo el ventanal de cortinas negras para evitar a los paparazzis. Casi todos tienen detalles excéntricos, pero nada comparado a lo extraña que es Madonna.
Subimos a la planta de arriba. Dispone de un vestidor enorme, una habitación con dos camas y baño, y la habitación principal con un baño totalmente equipado. Nos quedamos mirando la cama donde han pasado la noche Madonna, Lady Gaga, Sting, Viggo Mortensen, Emir Kusturica, Ewan McGregor...y un larguísimo etcétera. La visita termina con un vistazo desde las dos terrazas, norte y sur, de las que dispone la suite. Unas vistas inmejorables de Buenos Aires y Puerto Madero.
Salimos y Rubén nos dice que al fondo está la habitación "maldita". Parece igual que las demás, salvo que las demás no están llenas de estampitas de santos y vírgenes y no están arañadas de arriba a abajo.
-Estoy empezando a sentir escalofríos- dice Orsini
De repente se escucha un ruido muy fuerte en el otro extremo de la planta. ¡¡Plam!! Faltaría a la verdad si digo que no me sobresalté. Todos dimos un respingo.
-Esto es normal, lo de los ruidos, puertas que se abren y cierran...- comenta Rubén.
Vámonos. Es suficiente.
Así terminó nuestra visita al quizás hotel más exclusivo de toda Argentina.
Cenamos churrasquito y choripan en uno de los muchos puestos que hay en Puerto Madero.
La vuelta a casa la pasé hablando con Thomaz de fútbol. Resulta que es fan del Atlético Mineiro, equipo brasileño que recientemente salió campeón de la Copa Libertadores. Yo le confesé mi deportivismo, y él tardó menos de cinco segundos en nombrarme a Bebeto y a Mauro Silva.
Cada uno a su lugar, seguramente pensando en cómo un día que comenzó siendo típico, acabó entre historias de famosos y fantasmas.
Un abrazo a todos. ¡Espero publicar pronto nuevas historias!
Todo comienza en la Plaza Italia, donde había quedado para comer con Cristina y Tania, gallega y malagueña respectivamente, estudiantes de la UNSAM como yo. Comimos en una pizzería, una de las miles que hay en Buenos Aires, parte del legado de la inmigración italiana a la ciudad. Después de comer dimos un paseo por el jardín botánico, pues se encontraba en la zona. Un lugar perfecto para pasear, correr, pararse en un banco a leer...
Todo transcurría con la más absoluta normalidad, hasta que Cristina nos propuso algo a Tania y a mi:
-Chicos, yo he quedado con mi compañero dominicano, que me invitó a ir a ver un desfile de moda en Puerto Madero, pero si queréis venir podéis venir conmigo y le decimos si es posible que consiga invitaciones para vosotros dos también.
-Por mi bien, yo no tengo nada mejor que hacer- contesté yo.
-Sí, vale, por mi también- dijo Tania.
Lo atípico empezaba a hacer acto de presencia. Pero aún no sabíamos cuánto.
Fuimos los tres al encuentro con Orsini, una persona encantadora. Nos dijo que seguramente no habría problema para que Tania y yo pudiésemos entrar. Tomamos el Subte con destino a Puerto Madero. Este barrio es uno de los más exclusivos de Buenos Aires, repleto de rascacielos, edificios financieros, hoteles de lujo y restaurantes selectos. Es una zona que contrasta de una manera brutal con el resto de la ciudad, tanto, que a los cinco minutos ya te sientes fuera de lugar. Cruzamos el Puente de la Mujer, obra del arquitecto español Santiago Calatrava, y llegamos por fin al sitio donde se iba a producir el desfile: el Hotel Hilton.
Para a los que todavía no se os haya venido a la cabeza Paris Hilton y sus famosos vídeos "caseros", la cadena de hoteles Hilton es una de las más lujosas y exclusivas del mundo. Por supuesto, nunca había entrado en uno.
El recibidor ya abruma, por su extensión y amplitud. Lo cruzamos hasta llegar a un mostrador, donde Orsini consiguió colarnos a la zona del desfile mediante invitaciones. Ante nosotros, el mundo de la moda. Puestos de joyas, accesorios, ropa, todo de la temporada que aún está por salir, y accesible antes de tiempo a la gente más adinerada de la ciudad. Tras una cortina, se encontraba la pasarela donde desfilarían las modelos. Aunque lo mejor de todo eran los puestos de bebida gratis que había por allí apostados, donde me dieron a beber (tomar) una combinación que a partir de ahora será de mis favoritas: Branca-menta. Orsini, que trabaja en este mundillo para una revista colombiana, cumplió el cometido que allí tenía que hacer, y así pudimos irnos.
De vuelta al exterior, caminamos un poco más por Puerto Madero. El día ya se había vuelto interesante, pero aún quedaba lo mejor.
Nuestros pasos nos llevaron al Hotel Faena, un edificio impresionante situado en la mejor zona del barrio. De él le habían habían hablado a Cristina, y también lo había elegido como punto de encuentro para que nos pudiesen localizar sus compañeros brasileños.
Los porteros del hotel nos invitaron a entrar y a esperar dentro, ya que fuera hacía bastante frío. Ellos avisarían a los chicos cuando llegasen. Entramos y la impresión que nos llevamos fue brutal. Un pasillo larguísimo, que apenas se veía donde acababa, y una luz rojiza y mortecina, nos daba la bienvenida.
A derecha e izquierda, lujo. Pero no lujo como habíamos visto en el Hilton. Un lujo extravagante, todo un homenaje a la vanidad del hombre, al énfasis por la opulencia y la ostentación hasta el punto de traspasar la línea del mal gusto. La cafetería estaba adornada con cabezas de carneros, donde pendían de sus cuellos multitud de collares y demás objetos de joyería. La gente que por allí pululaba parecía extraída de los ambientes sórdidos y decadentes de la Antigua Roma, o para entender mejor la sensación que producía aquel lugar, todo parecía salido del imaginario popular que se nos viene a la mente cuando nombramos a Sodoma y Gomorra. Lujo exhuberante, cargante, hasta el límite de sentir cierta depravación entorno a todo.
Esperando a los chicos, no pude evitar ir de visita al baño, temiendo encontrar lo que finalmente hallé: el baño más hortera que he visto en mi vida. El lavabo eran unos cisnes que estaban retorcidos de las formas más dantescas, y un grandísimo espejo presidía el baño. Mear allí era casi un acto indigno e impropio, si no fuera por los dos urinarios que al cabo de un rato lograbas avistar. Pero el carácter hortera y sobrecargado del hotel encontraba su punto álgido en el Salón Blanco. Diseñado por Philippe Starck, es un restaurante donde el blanco es el único color, excepto por algún detalle en rojo, como son los ojos de las cabezas de unicornio que se encuentran en ambas paredes laterales.
Extasiados por lo que estábamos viendo, llegaron Thomaz y Filipe. Fue entonces cuando Cristina se dirigió a un recepcionista del hotel, y le preguntó si podíamos ver una habitación. Rubén, un chico joven peruano, muy amable, lo consultó y consiguió que nos dejasen ver la suite principal. Pero antes, nos advirtió:
-Ahora vamos a subir al séptimo piso, y les enseñaré la habitación donde se alojan las estrellas de cine, artistas y demás celebridades. Lady Gaga, Madonna, Sting...
Todos quedamos boquiabiertos. Rubén seguía contándonos:
-La suite tiene un precio de 9.000 dólares la noche. Pero hay algo más que deben saber del séptimo piso de este hotel...
-¿Lo qué?- Preguntamos todos.
-Este hotel está reconstruído sobre un edificio muy antigüo, donde al parecer ocurrieron cosas...inquietantes. Las cámaras de seguridad y de fotos han captado en más de una ocasión siluetas fantasmales. Yo mismo cuando llega la noche evito subir al séptimo piso.
No sé por qué, creo que no nos sorprendió demasiado. Le pegaba perfectamente bien al hotel tener historias de fantasmas.
Subimos, torcimos a la izquierda y entramos a la habitación. Os preguntaréis qué tiene una habitación de 9.000 dólares la noche. Consta de dos plantas. En la de abajo una pared intermedia separa un salón con librería y un comedor. Al fondo a la derecha está la cocina. Un ventanal recorre toda la estancia. Rubén nos seguía contando algunas curiosidades:
-El hotel tiene firmado un contrato con una productora la cual es la encargada de traer a los artistas.
-¿Y quién es el más raro de todos?- Preguntó uno de nosotros.
La respuesta fue instantánea.
-Madonna.- Esperó un poco y continuó. -Madonna tiene por contrato que no la puedes mirar directamente a los ojos. Cuando tenemos que decirle algo debemos mirar al suelo; Luis Miguel ordenó cubrir todo el ventanal de cortinas negras para evitar a los paparazzis. Casi todos tienen detalles excéntricos, pero nada comparado a lo extraña que es Madonna.
Subimos a la planta de arriba. Dispone de un vestidor enorme, una habitación con dos camas y baño, y la habitación principal con un baño totalmente equipado. Nos quedamos mirando la cama donde han pasado la noche Madonna, Lady Gaga, Sting, Viggo Mortensen, Emir Kusturica, Ewan McGregor...y un larguísimo etcétera. La visita termina con un vistazo desde las dos terrazas, norte y sur, de las que dispone la suite. Unas vistas inmejorables de Buenos Aires y Puerto Madero.
Salimos y Rubén nos dice que al fondo está la habitación "maldita". Parece igual que las demás, salvo que las demás no están llenas de estampitas de santos y vírgenes y no están arañadas de arriba a abajo.
-Estoy empezando a sentir escalofríos- dice Orsini
De repente se escucha un ruido muy fuerte en el otro extremo de la planta. ¡¡Plam!! Faltaría a la verdad si digo que no me sobresalté. Todos dimos un respingo.
-Esto es normal, lo de los ruidos, puertas que se abren y cierran...- comenta Rubén.
Vámonos. Es suficiente.
Así terminó nuestra visita al quizás hotel más exclusivo de toda Argentina.
Cenamos churrasquito y choripan en uno de los muchos puestos que hay en Puerto Madero.
La vuelta a casa la pasé hablando con Thomaz de fútbol. Resulta que es fan del Atlético Mineiro, equipo brasileño que recientemente salió campeón de la Copa Libertadores. Yo le confesé mi deportivismo, y él tardó menos de cinco segundos en nombrarme a Bebeto y a Mauro Silva.
Cada uno a su lugar, seguramente pensando en cómo un día que comenzó siendo típico, acabó entre historias de famosos y fantasmas.
Un abrazo a todos. ¡Espero publicar pronto nuevas historias!
sábado, 3 de agosto de 2013
La soledad del viajero
12 millones de personas. Y no conoces a nadie. Los que hayáis viajado solos sabréis a lo que me refiero. Esa sensación paradójica de soledad en una gran ciudad, rodeado de gente.
Afortunadamente, esa sensación se ha mitigado. Ayer he conocido a un grupo de estudiantes de intercambio que también cursarán en la UNSAM (Universidad Nacional de San Martín).
Nos han llevado hasta el campus, el cual queda en los límites de la ciudad, es decir, muy lejos. Éste se levanta sobre una antigua estación de ferrocarril, donde han reformado los viejos edificios en modernos centros de estudio. Es un campus joven, apenas 20 años, y sigue en crecimiento. Sus instalaciones son de un diseño atractivo y en general la impresión ha sido inmejorable. También del personal que nos ha servido de guía: la Coordinadora y la Directora de Relaciones Internacionales.
Después de los trámites burocráticos y de emplazarnos para una futura reunión con más estudiantes de intercambio, emprendimos el viaje de vuelta. Pude comprobar entonces que existía gente que se encontraba en la misma situación que yo. Volviendo a dirigirme a los que hayáis viajado solos, volveréis a saber la alta sensación de alivio que uno siente al encontrarse con gente en una situación similar a la tuya. Es como darse cuenta de que no estás sólo en el mundo. Además, me han parecido personas majísimas, con las cuales espero compartir piso. Ése es el objetivo, buscar y encontrar piso.
Ya dispongo de la tarjeta SUBE, indispensable para moverte por el metro (Subte) y los buses (colectivos). Con respecto al Subte, hay en Argentina un gran revuelo provocado por la supuesta falta de seguridad que existe en las vías. Los trabajadores amenazan con huelga y de momento el Gobierno no mueve ficha. Rercodad que aquí están en plena campaña electoral. Jamás me habían ofrecido tantos folletos por la calle como en estos días. Ya he perdido la cuenta de la cantidad de partidos que se presentan.
Afortunadamente, esa sensación se ha mitigado. Ayer he conocido a un grupo de estudiantes de intercambio que también cursarán en la UNSAM (Universidad Nacional de San Martín).
Nos han llevado hasta el campus, el cual queda en los límites de la ciudad, es decir, muy lejos. Éste se levanta sobre una antigua estación de ferrocarril, donde han reformado los viejos edificios en modernos centros de estudio. Es un campus joven, apenas 20 años, y sigue en crecimiento. Sus instalaciones son de un diseño atractivo y en general la impresión ha sido inmejorable. También del personal que nos ha servido de guía: la Coordinadora y la Directora de Relaciones Internacionales.
La Carpa de la UNSAM. Aquí se imparte la Diplomatura de Artes Circenses.
Sí, Artes Circenses.
Después de los trámites burocráticos y de emplazarnos para una futura reunión con más estudiantes de intercambio, emprendimos el viaje de vuelta. Pude comprobar entonces que existía gente que se encontraba en la misma situación que yo. Volviendo a dirigirme a los que hayáis viajado solos, volveréis a saber la alta sensación de alivio que uno siente al encontrarse con gente en una situación similar a la tuya. Es como darse cuenta de que no estás sólo en el mundo. Además, me han parecido personas majísimas, con las cuales espero compartir piso. Ése es el objetivo, buscar y encontrar piso.
Ya dispongo de la tarjeta SUBE, indispensable para moverte por el metro (Subte) y los buses (colectivos). Con respecto al Subte, hay en Argentina un gran revuelo provocado por la supuesta falta de seguridad que existe en las vías. Los trabajadores amenazan con huelga y de momento el Gobierno no mueve ficha. Rercodad que aquí están en plena campaña electoral. Jamás me habían ofrecido tantos folletos por la calle como en estos días. Ya he perdido la cuenta de la cantidad de partidos que se presentan.
Tarjeta SUBE adquirida al módico precio de 15 pesos.
También es de destacar la fuerte polémica entorno a los maquinistas de tren. Todo parte de la tragedia de Santiago, muy comentada por estas latitudes. La desgracia del descarrilamiento en Galicia, unida a unas imágenes de un maquinista bonaerense dormido a los mandos, ha destapado un furioso debate donde los maquinistas son el blanco de todo tipo de críticas.
Os dejo ya, cuando aquí son las 9:50, 14:50 en Galicia. Espero escribir pronto aportando alguna historia interesante sobre la vida y cultura porteñas. ¡Un abrazo!
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