A veces ocurre que un día que presupones típico, se transforma en algo completamente diferente a lo que habías planeado con anterioridad. Pues bien, ayer lo que empezó siendo uno de esos días típicos terminó por ser uno de los más extraños de toda mi vida.
Todo comienza en la Plaza Italia, donde había quedado para comer con Cristina y Tania, gallega y malagueña respectivamente, estudiantes de la UNSAM como yo. Comimos en una pizzería, una de las miles que hay en Buenos Aires, parte del legado de la inmigración italiana a la ciudad. Después de comer dimos un paseo por el jardín botánico, pues se encontraba en la zona. Un lugar perfecto para pasear, correr, pararse en un banco a leer...
Todo transcurría con la más absoluta normalidad, hasta que Cristina nos propuso algo a Tania y a mi:
-Chicos, yo he quedado con mi compañero dominicano, que me invitó a ir a ver un desfile de moda en Puerto Madero, pero si queréis venir podéis venir conmigo y le decimos si es posible que consiga invitaciones para vosotros dos también.
-Por mi bien, yo no tengo nada mejor que hacer- contesté yo.
-Sí, vale, por mi también- dijo Tania.
Lo atípico empezaba a hacer acto de presencia. Pero aún no sabíamos cuánto.
Fuimos los tres al encuentro con Orsini, una persona encantadora. Nos dijo que seguramente no habría problema para que Tania y yo pudiésemos entrar. Tomamos el Subte con destino a Puerto Madero. Este barrio es uno de los más exclusivos de Buenos Aires, repleto de rascacielos, edificios financieros, hoteles de lujo y restaurantes selectos. Es una zona que contrasta de una manera brutal con el resto de la ciudad, tanto, que a los cinco minutos ya te sientes fuera de lugar. Cruzamos el Puente de la Mujer, obra del arquitecto español Santiago Calatrava, y llegamos por fin al sitio donde se iba a producir el desfile: el Hotel Hilton.
Para a los que todavía no se os haya venido a la cabeza Paris Hilton y sus famosos vídeos "caseros", la cadena de hoteles Hilton es una de las más lujosas y exclusivas del mundo. Por supuesto, nunca había entrado en uno.
El recibidor ya abruma, por su extensión y amplitud. Lo cruzamos hasta llegar a un mostrador, donde Orsini consiguió colarnos a la zona del desfile mediante invitaciones. Ante nosotros, el mundo de la moda. Puestos de joyas, accesorios, ropa, todo de la temporada que aún está por salir, y accesible antes de tiempo a la gente más adinerada de la ciudad. Tras una cortina, se encontraba la pasarela donde desfilarían las modelos. Aunque lo mejor de todo eran los puestos de bebida gratis que había por allí apostados, donde me dieron a beber (tomar) una combinación que a partir de ahora será de mis favoritas: Branca-menta. Orsini, que trabaja en este mundillo para una revista colombiana, cumplió el cometido que allí tenía que hacer, y así pudimos irnos.
De vuelta al exterior, caminamos un poco más por Puerto Madero. El día ya se había vuelto interesante, pero aún quedaba lo mejor.
Nuestros pasos nos llevaron al Hotel Faena, un edificio impresionante situado en la mejor zona del barrio. De él le habían habían hablado a Cristina, y también lo había elegido como punto de encuentro para que nos pudiesen localizar sus compañeros brasileños.
Los porteros del hotel nos invitaron a entrar y a esperar dentro, ya que fuera hacía bastante frío. Ellos avisarían a los chicos cuando llegasen. Entramos y la impresión que nos llevamos fue brutal. Un pasillo larguísimo, que apenas se veía donde acababa, y una luz rojiza y mortecina, nos daba la bienvenida.
A derecha e izquierda, lujo. Pero no lujo como habíamos visto en el Hilton. Un lujo extravagante, todo un homenaje a la vanidad del hombre, al énfasis por la opulencia y la ostentación hasta el punto de traspasar la línea del mal gusto. La cafetería estaba adornada con cabezas de carneros, donde pendían de sus cuellos multitud de collares y demás objetos de joyería. La gente que por allí pululaba parecía extraída de los ambientes sórdidos y decadentes de la Antigua Roma, o para entender mejor la sensación que producía aquel lugar, todo parecía salido del imaginario popular que se nos viene a la mente cuando nombramos a Sodoma y Gomorra. Lujo exhuberante, cargante, hasta el límite de sentir cierta depravación entorno a todo.
Esperando a los chicos, no pude evitar ir de visita al baño, temiendo encontrar lo que finalmente hallé: el baño más hortera que he visto en mi vida. El lavabo eran unos cisnes que estaban retorcidos de las formas más dantescas, y un grandísimo espejo presidía el baño. Mear allí era casi un acto indigno e impropio, si no fuera por los dos urinarios que al cabo de un rato lograbas avistar. Pero el carácter hortera y sobrecargado del hotel encontraba su punto álgido en el Salón Blanco. Diseñado por Philippe Starck, es un restaurante donde el blanco es el único color, excepto por algún detalle en rojo, como son los ojos de las cabezas de unicornio que se encuentran en ambas paredes laterales.
Extasiados por lo que estábamos viendo, llegaron Thomaz y Filipe. Fue entonces cuando Cristina se dirigió a un recepcionista del hotel, y le preguntó si podíamos ver una habitación. Rubén, un chico joven peruano, muy amable, lo consultó y consiguió que nos dejasen ver la suite principal. Pero antes, nos advirtió:
-Ahora vamos a subir al séptimo piso, y les enseñaré la habitación donde se alojan las estrellas de cine, artistas y demás celebridades. Lady Gaga, Madonna, Sting...
Todos quedamos boquiabiertos. Rubén seguía contándonos:
-La suite tiene un precio de 9.000 dólares la noche. Pero hay algo más que deben saber del séptimo piso de este hotel...
-¿Lo qué?- Preguntamos todos.
-Este hotel está reconstruído sobre un edificio muy antigüo, donde al parecer ocurrieron cosas...inquietantes. Las cámaras de seguridad y de fotos han captado en más de una ocasión siluetas fantasmales. Yo mismo cuando llega la noche evito subir al séptimo piso.
No sé por qué, creo que no nos sorprendió demasiado. Le pegaba perfectamente bien al hotel tener historias de fantasmas.
Subimos, torcimos a la izquierda y entramos a la habitación. Os preguntaréis qué tiene una habitación de 9.000 dólares la noche. Consta de dos plantas. En la de abajo una pared intermedia separa un salón con librería y un comedor. Al fondo a la derecha está la cocina. Un ventanal recorre toda la estancia. Rubén nos seguía contando algunas curiosidades:
-El hotel tiene firmado un contrato con una productora la cual es la encargada de traer a los artistas.
-¿Y quién es el más raro de todos?- Preguntó uno de nosotros.
La respuesta fue instantánea.
-Madonna.- Esperó un poco y continuó. -Madonna tiene por contrato que no la puedes mirar directamente a los ojos. Cuando tenemos que decirle algo debemos mirar al suelo; Luis Miguel ordenó cubrir todo el ventanal de cortinas negras para evitar a los paparazzis. Casi todos tienen detalles excéntricos, pero nada comparado a lo extraña que es Madonna.
Subimos a la planta de arriba. Dispone de un vestidor enorme, una habitación con dos camas y baño, y la habitación principal con un baño totalmente equipado. Nos quedamos mirando la cama donde han pasado la noche Madonna, Lady Gaga, Sting, Viggo Mortensen, Emir Kusturica, Ewan McGregor...y un larguísimo etcétera. La visita termina con un vistazo desde las dos terrazas, norte y sur, de las que dispone la suite. Unas vistas inmejorables de Buenos Aires y Puerto Madero.
Salimos y Rubén nos dice que al fondo está la habitación "maldita". Parece igual que las demás, salvo que las demás no están llenas de estampitas de santos y vírgenes y no están arañadas de arriba a abajo.
-Estoy empezando a sentir escalofríos- dice Orsini
De repente se escucha un ruido muy fuerte en el otro extremo de la planta. ¡¡Plam!! Faltaría a la verdad si digo que no me sobresalté. Todos dimos un respingo.
-Esto es normal, lo de los ruidos, puertas que se abren y cierran...- comenta Rubén.
Vámonos. Es suficiente.
Así terminó nuestra visita al quizás hotel más exclusivo de toda Argentina.
Cenamos churrasquito y choripan en uno de los muchos puestos que hay en Puerto Madero.
La vuelta a casa la pasé hablando con Thomaz de fútbol. Resulta que es fan del Atlético Mineiro, equipo brasileño que recientemente salió campeón de la Copa Libertadores. Yo le confesé mi deportivismo, y él tardó menos de cinco segundos en nombrarme a Bebeto y a Mauro Silva.
Cada uno a su lugar, seguramente pensando en cómo un día que comenzó siendo típico, acabó entre historias de famosos y fantasmas.
Un abrazo a todos. ¡Espero publicar pronto nuevas historias!





Tú en un desfile.. pues si que es raro si.
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